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Mi primo, el pseudo-agente inmobiliario

November 26th, 2007 by Jaelyn

Hace un tiempo, mi primo, que tenía la idea de querer ser un agente inmobiliario llegó a mi casa a vivir, pues se había mudado para la ciudad y no tenía aún un apartamento propio. Y parecía que no lo iba a tener pues no contaba con el dinero suficiente, además no conseguía un trabajo estable aún. El asunto es que todos en la casa sabíamos que él tenía cierto gusto por todo lo que tenía que ver con la inmobiliaria y por eso sabíamos que cada vez que iba a la casa a visitarnos quería hacer algún cambio, o nos recomendaba       qué hacer para que la casa se viera más espaciosa o más iluminada.

                 

Por eso, en mi casa creíamos que más que tener espíritu de agente inmobiliario tenía espíritu de diseñador de interiores, pues siempre sus recomendaciones eran principalmente de ese tipo. Pocas veces nos hablaba del mercado inmobiliario y del tipo de casas que podíamos comprar, y dónde, y a qué precios. Pero felizmente eran pocas veces, pues cada vez que empezaba con eso no paraba de hablar por lo menos en un par de horas, de manera que siempre queríamos que se callara pero no encontrábamos la manera de hacerlo, y terminábamos muy irritados. Así que preferíamos mil veces que nos hablase de cómo cambiar algunas cosas dentro de la casa a tener que soportarlo sobre la inmobiliaria pues creía que de ese tema sólo sabía él.

 

En esta ocasión llegó a mi casa y empezó a convencer a mi madre para que cambie de luces en toda la casa. Hasta que fue muy tarde y nos vimos comprando todas las herramientas necesarias para hacer el cambio recomendado por mi buen primo. Quizá si le hubiésemos prestado un poco más de atención todo hubiera sido distinto, pero cada vez que hablaba de eso, todos le dábamos la razón para no tener que quedarnos varias horas en el mismo tema. Sin embargo eso no lo habíamos hecho, y ahora mi madre no le quería decir que no les gustaban para nada los cambios en su casa, y menos aún si ellas no los planeaba.

 

Bueno, todas las luces que teníamos en mi casa fueron cambiadas. Antes eran blancas, a lo cual ya todos nos habíamos acostumbrado, y con el cambio realizado por mi primo, fueron amarillas. Al principio nos pareció un verdadero espanto. Ninguno de nosotros quería estar dentro de la casa pues todos le huían a la nueva decoración. Para calma dE nosotros, nuestro invitado viajaría de vuelta a su ciudad dentro de una semana por una oferta de trabajo que le habían enviado desde allá. Cuando nos enteramos de ello, sentimos otra vez tranquilidad. Creo que todos pensamos en lo mismo: ni bien se fuera él, cambiaríamos de vuelta todas las luces, para que estén otra vez como siempre nos gustaron.

 

Y eso fue lo que hicimos apenas su existencia dejó nuestra casa. Ahora podíamos estar tranquilos hasta su próxima visita, en la cual seguramente querría hacer algún otro cambio.  Sólo esperábamos que la próxima vez  pudiéramos decirle antes de tiempo que no queríamos ningún cambio.

This entry was posted on Monday, November 26th, 2007 at 8:43 am and is filed under Uncategorized. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

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