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MAQUETAS Y EDIFICACIONES ANTISÍSMICAS

December 18th, 2007 by Jaelyn

La vez que me reuní con Alex, pasamos un susto terrible. El es Ingeniero Civil de profesión, lo conocí en la universidad cuando apenas era un aficionado a la construcción de maquetas. Estas maquetas eran muy simpáticas y la variedad era muy extensa. Recuerdo que Alex las mandaba importar de los Estados Unidos y del Japón, a veces se trataban de edificaciones clásicas como casas de dos pisos, con vistas muy detalladas, eso si. Otras veces se trataban de construcciones tipo edificios de hasta 15 pisos, igualmente detallados con estacionamiento y demás áreas comunes. Sin embargo, las maquetas más asombrosas llegaban procedentes del Reino Unido y del lejano oriente. En el primer caso se trataban de maquetas relacionadas con el aeromodelismo con aviones de distintos tipos divididos en dos grandes grupos, los modelos de avión comercial y los modelos de aviones de guerra, incluyendo estos últimos las series correspondientes a las armadas de la Segunda Guerra Mundial donde los Spitfires me llamaban la atención. Pero la crema y nata procedía de Japón ya que las piezas de maqueta correspondían a la ficción, es decir, eran modelos de construcciones que aparecían en los animes. Dos me llamaron la atención sobremanera. La primera era la referente a la serie He Man y nos traía el castillo medieval que figuraba en la serie. La otra maqueta que me fascinó fue la correspondiente a la serie Thundercats y en la que se detallaba el cubil felino. Era perfecto, una obra de ingeniería a pequeña escala. Recuerdo que Alex y yo, usábamos nuestros ratos libres en la universidad para construir estos modelos, luego Alex optó por continuar profesionalmente con el arte de la construcción y se dedicó a la Ingeniería Civil. Mi amigo fue uno de los alumnos más destacados de su facultad y su talento no pasó desapercibido. Cuando le faltaba un año para concluir sus estudios, ya estaba trabajando a medio tiempo en una conocida inmobiliaria perteneciente a un holding mundial.           

Ni bien terminó de graduarse, Alex ya tenía dos propuestas importantes para irse a trabajar al extranjero y optó por marchar a uno de los países más adelantados en lo que a tecnologías de la construcción se refiere, el Japón. En efecto, este país es conocido por su vanguardia en este aspecto ya que se encuentra ubicado en una zona muy castigada por la naturaleza, cientos de sismos azotan su territorio anualmente y es el país que presenta la mayor frecuencia de embates de tsunamis. Estas dos razones son suficientes para que la rueda del ingenio haya echado a rodar hace mucho tiempo en el país del sol naciente. Hasta allí llegó Alex, cargado de ilusiones y empezó a trabajar en lo que más le gusta, el campo. Era jefe de ingenieros y se encargaba de supervisar hasta tres obras al día, casi todos los proyectos en que trabajaba eran edificios antisísmicos aunque su experiencia se extendía hasta los laboratorios de desarrollo de tecnologías para reducir el impacto de los tsunamis en las costas del país. Pasaron los años y se presentó la oportunidad de visitarlo. Viajé hasta Japón y me reuní con él. Estaba igual como lo había dejado, flaco al hueso, no era difícil con los hábitos alimenticios de los japoneses, para colmo no se había casado ni tenía hijos, el trabajo lo absorbía y lo consumía indudablemente. Sin embargo, su cuenta bancaria seguía engrosándose a la par de su prestigio. Ya había supervisado la construcción y finalización de más de una treintena de edificios en distintas ciudades, ahora nos encontrábamos en Tokio y me llevó a conocer una de sus obras. Se trataba de un edificio construido para oficinas con 29 pisos de longitud.

            Recorrimos juntos las instalaciones, los acabados y por supuesto se encargó de detallarme la tecnología antisísmica de la edificación. Cuando llegamos a la planta superior me enseñó una alucinante vista de la ciudad, quedé maravillado y eso que era de día. Entonces, conocedor de mis fobias, Alex me invitó a acercarme a la cornisa del edificio, algo que por supuesto no estaba dispuesto a hacer. Trató de ponerse como ejemplo y algo sucedió. De pronto, mi amigo se inclinó sobre su rodilla e hizo un gesto de dolor, inmediatamente me acerqué y me sujetó fuertemente de las solapas. Allí sí que sentí un gran susto, estábamos muy cerca del límite de la terraza del edificio, logré zafarme y noté que le estaba dando un infarto, lo dejé recostado e inmediatamente busqué ayuda. Afortunadamente los servicios de emergencia llegaron a tiempo y lograron estabilizarlo. Me confirmaron que no llegó a tratarse de un infarto sino de un fuerte episodio de acumulación de stress. Lo sospeché desde un principio.

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